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jueves, 17 de junio de 2010

JESÚS ERA HOMESCHOOLER

Por lo visto el blog de CEECA (Cristianos Evangélicos Educando en Casa) es sólo para miembros, cosa que yo no sabía. Es por eso que he decidido compartir la última (y única) entrada que he aportado a este blog. En mi entrada cito un texto de la autora cristiana Ellen White ,contemporánea de Charlotte Mason y que escribió mucho sobre educación. He elegido un pasaje donde habla de la educación de Jesús.... un famoso homeschooler, jeje. Espero que os guste.Se me olvidaba, la cita es del libro "El Deseado de todas las Gentes".

El niño Jesús no recibió instrucción en las escuelas de las sinagogas.Su madre fue su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a Israel por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre. Y al pasar de la niñez a la adolescencia, no frecuentó las escuelas de los rabinos. No necesitaba la instrucción que podía obtenerse de tales fuentes, porque Dios era su instructor. La pregunta hecha durante el ministerio del Salvador "¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?"* no indica que Jesús no sabía leer, sino meramente que no había recibido una educación rabínica.Puesto que él adquirió saber las cosas, estudió las lecciones que su propia mano había escrito en la tierra, el mar y el cielo. Apartado de los caminos profanos del mundo, adquiría conocimiento científico de la naturaleza. Estudiaba la vida de las plantas, los animales y los hombres. Desde sus más tiernos años, fue dominado por un propósito: vivió para beneficiar a otros. Para ello, hallaba recursos en la naturaleza; al estudiar la vida de las plantas y de los animales concebía nuevas ideas de los medios y modos de realizarlo.Continuamente trataba de sacar de las cosas que veía ilustraciones con las cuales presentar los vivos oráculos de Dios. Las parábolas mediante las cuales, durante su ministerio, le gustaba enseñar sus lecciones de verdad, demuestran cuán abierto estaba su espíritu a la influencia de la naturaleza, y cómo había obtenido enseñanzas espirituales de las cosas que le rodeaban en la vida diaria.

miércoles, 28 de enero de 2009

SOBRE LA DISCIPLINA


Quiero compartir un texto que habla sobre la disciplina, que se encuentra en el libro "La conducción del niño", de la autora cristiana norteamericana Ellen White ( finales del s. XIX, inicios del XX). Es  sorprendente que, en una época donde el castigo físico era algo normal y aceptado, incluso recomendado nos encontramos con una joya como esta. En el capítulo "La administración de la disciplina" ella nos cuenta su propia experiencia como madre:

Nunca permití que mis hijos pensaran que podían molestarme en su niñez. También crié en mi familia a otros
de otras familias, pero nunca permití que esos niños pensaran que podían molestar a su madre. Nunca me
permití decir una palabra áspera o impacientarme o enojarme con los niños. Nunca llegaron al punto de
provocarme a ira, ni una sola vez. Cuando se agitaba mi espíritu o cuando me parecía que iba a perder los
estribos, decía: "Niños, dejemos esto en paz ahora; no diremos nada más de esto ahora. Lo trataremos otra vez
antes de acostarnos". Teniendo todo ese tiempo para reflexionar, al anochecer se habían aplacado y yo podía
tratarlos muy bien. . . . 238
Hay una forma correcta y una forma equivocada. Nunca levanté la mano a mis hijos antes de hablarles. Y si se
quebrantaban y si reconocían su falta (y siempre lo hicieron cuando la presenté delante de ellos y oré con
ellos) y si se sometían (siempre lo hicieron cuando yo procedía así), entonces los tenía dominados. Nunca
actuaron de otra manera. Cuando oraba con ellos, se quebrantaban por completo, me echaban los brazos al
cuello y lloraban. . . .
Al corregir a mis hijos, nunca permití que mi voz se alterara en ninguna forma. Cuando advertía que algo
andaba mal, esperaba hasta que pasara el "calor", y entonces los tomaba por mi cuenta después de que habían
tenido la oportunidad de reflexionar y estaban avergonzados. Se avergonzaban si les daba una hora o dos para
pensar en estas cosas. Siempre me apartaba y oraba. Entonces no les hablaba.
Después de que habían quedado solos por un tiempo, venían a verme por el asunto. "Bien", les decía,
"esperemos hasta la noche". Al llegar esa hora, orábamos y entonces les decía que hacían daño a su propia
alma y agraviaban al Espíritu de Dios por su proceder equivocado

Cuando me sentía irritada y tentada a decir palabras que me avergonzarían, me callaba, salía de la habitación y
pedía a Dios que me diera paciencia para enseñar a esos niños. Entonces podía volver y hablar con ellos y
decirles que no debían proceder mal otra vez. Podemos adoptar una posición tal en este asunto de modo que
no provoquemos a ira a los hijos. Debiéramos hablar bondadosa y pacientemente, recordando siempre cuán
extraviados somos y cómo queremos ser tratados por nuestro Padre celestial.

Luego continúa en el  capítulo  48 sobre las reacciones de lo hijos:

Cuando los padres muestran un espíritu áspero, severo y dominante, se despierta en los hijos un espíritu de
obstinación y terquedad. Así los padres no ejercen la influencia suavizadora que podrían tener sobre sus hijos.
Padres, ¿no podéis ver que las palabras ásperas provocan resistencia? ¿Qué haríais si se os tratara con tanta
desconsideración como tratáis a vuestros pequeños? Es vuestro deber estudiar de causa a efecto. Cuando
regañasteis a vuestros niños, cuando con golpes de enojo heristeis a los que eran demasiado pequeños para
defenderse, ¿os preguntasteis qué efecto tendría ese trato sobre vosotros? ¿Habéis pensado cuán sensibles sois
a las palabras de censura o de condenación? ¿Cuán rápidamente os sentís heridos si pensáis que alguien deja
de reconocer vuestras habilidades? No sois sino niños crecidos. Pensad pues cómo deben sentirse vuestros
hijos cuando les dirigís palabras ásperas y cortantes, cuando los castigáis severamente por faltas que no son ni
la mitad de ofensivas a la vista de Dios como es el trato que les dais
En los esfuerzos que hacemos por corregir el mal, deberíamos guardarnos contra la tendencia a la crítica o la
censura. La censura continua aturde, pero no reforma. Para muchas mentes, y con frecuencia para las dotadas
de más fina sensibilidad, una atmósfera de crítica hostil es fatal para el esfuerzo. Las flores no se abren bajo el
soplo del ventarrón.
El niño a quien se censura frecuentemente por alguna falta especial, llega a considerar esa falta como una
peculiaridad suya, algo contra lo cual es en vano luchar. Así se da origen al desaliento y la desesperación que
a menudo están ocultos bajo un aspecto de indiferencia o baladronada



lunes, 13 de octubre de 2008

CITAS DE LA CONDUCCIÓN DEL NIÑO

Resultat d'imatges de Ellen white
Mirad qué joyitas se encuentran en "La Conducción del Niño" de Ellen White, uno de mis libros de cabecera en cuanto a educación.

Los padres envían a sus hijos a la escuela y cuando han hecho esto, piensan que ya los han educado. Pero la educación es una cuestión más amplia de lo que muchos comprenden: abarca todo el proceso mediante el cual el niño es instruido desde el nacimiento a la segunda infancia, de la segunda infancia a la juventud, y de la juventud a la adultez. Tan pronto como un niño es capaz de formar una idea, debería comenzar su educación.


El estudio de los libros será de poco beneficio, a menos que las ideas obtenidas puedan ponerse en práctica. Y sin embargo, las sugestiones más valiosas de los demás deberían adaptarse con reflexión y discernimiento. Tal vez no se adapten igualmente a las circunstancias de cada madre, o a la disposición peculiar o el temperamento de cada niño de la familia. Que la madre estudie cuidadosamente la experiencia de otros, que advierta la diferencia existente entre sus métodos y los propios, y pruebe cuidadosamente aquello que realmente parece tener valor .



Madres, dejad a los pequeñuelos jugar al aire libre; dejadlos escuchar los cantos de las aves, y aprender del amor de Dios según se expresa en sus hermosas obras. Enseñadles lecciones sencillas del libro de la naturaleza y de las cosas que los rodean; y a medida que sus mentes se expandan podrán añadirse las lecciones de los libros, y grabarse firmemente en su memoria.